Voló tan alto que se sintió inalcanzable.
Miró atrás: nadie.
Descendió soñando en grande.
La anhelada y siempre efímera gloria le nubló todo su ser.
Tomó la última curva y allí estaba ella, esperándole, impasible.
Cerró los ojos para no verla, pero ya era tarde.

La desdicha