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foto: Tom Rune

 

Son cinco ciclistas que soportan ya en sus castigadas piernas 250 kilómetros salpicados de incidencias. Todavía les quedan siete kilómetros y 500 metros para llegar a meta. Dos belgas, un noruego, un británico y un australiano luchan por conseguir el anhelado adoquín, el preciado símbolo de la Paris- Roubaix.

Se conocen perfectamente aunque militen en equipos distintos, es más, alguno de ellos ha compartido equipo en años anteriores. Es el momento de la estrategia, de saber qué hacer para dejar al rival atrás. Las fuerzas están justas. Todos han intentado despegarse de sus rivales sin éxito. Todos excepto el australiano que incluso se ha visto descolgado por un despiste en un tramo de pavés.

Llega el momento decisivo, el dominado por el cansancio y la angustiosa incertidumbre. Nadie puede saber cuál será la mejor opción.

 

Cinco ciclistas seleccionados para la gloria

 

El belga Seep Vanmarcke, el llamado a suceder a las grandes figuras de su país en las clásicas, ha realizado una portentosa exhibición en el duro tramo de pavés de Carrefour de l’arbre, los metros más decisivos en la historia de esta carrera. A pesar de rodar como un poseso no ha conseguido descolgar a sus rivales. Quizás haya gastado su último “cartucho”.

Otro belga, Tom Boonen, una leyenda viva, está a punto de conseguir su quinta Paris-Roubaix y establecer un hito en la historia del ciclismo. Ha tirado del grupo en numerosas ocasiones para mantener la distancia con los perseguidores y poder tener más opciones. Es el más temido por su superioridad en el esprint. Nadie quiere llegar con él. Quizás, de los cinco, sea el más presionado. Antes de la prueba ha comentado que sigue pedaleando con el objetivo de ganar la clásica del pavés.

Ian Stannard, duro como una roca, es inglés y duda al igual que sus rivales. No quiere llegar al esprint y se la juega dos veces, pero en las dos le acaban cogiendo. Sus fuerzas están mermadas pero es terco como pocos.

El noruego Edvald Boasson Hagen muestra frescura en estos últimos kilómetros. Ha salido a los ataques de sus rivales y ha conseguido neutralizarlos. Está corriendo con inteligencia y en directo son muchos los que apuestan por él. Al esprint es rápido.

Por último, el australiano Matthew Hayman, 37 años, es el único de los cinco ciclistas que se ha descolgado en uno de los tramos de pavé al entrar mal colocado. Cinco semanas antes de esta carrera se había roto el brazo y apenas había competido. Pero asombrosamente ha recuperado el terreno y ya se encuentra con ellos. Parece el más prudente a la hora de planificar su ataque pero también el más débil en las apuestas.

 

Cinco ciclistas y un desenlace dominado por el cansancio

 

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El vencedor final con el adoquín en las manos
foto: Tim de Waele

 

No se puede esperar más. Ahora o nunca.

Tom Boonen, Seep Vanmarcke y Matthew Hayman, se juntan tras los últimos ataques y entran juntos al velódromo. Edvald Boasson Hagen ha sucumbido al esfuerzo y el inglés Stannard logra conectar con ellos, justo cuando se inicia la última vuelta al mítico recinto de la localidad de Roubaix.

Más emoción, imposible.

Y llega el esprint, deseado por unos y temido por otros. Las piernas deciden más que la cabeza y las previsiones. El cansancio es implacable y otorga al más veterano, el mayor premio en su dilatada carrera. Matthew Hayman se impone a Tom Boonen y a Ian Stannard, mientras Vanmarcke es cuarto y Boasson Hagen quinto.

Luego vendrán las inevitables preguntas de nuestros protagonistas y si su estrategia en carrera ha sido la más acertada. Pero para nosotros, como espectadores, la lucha, la táctica y en general la carrera han sido brillantes, nos ha mantenido en vilo hasta el final demostrando a todo el mundo la belleza de las clásicas, la belleza de este deporte.

 

Para disfrutar

 

Hemos seleccionado un vídeo de esta edición 2016 que puede describir de una manera fantástica cómo es y lo que significa la Paris-Roubaix.

 

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